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Expediente
Empecé donde no hay simulacros: el ejército, con misión en Afganistán incluida. Allí aprendí lo que ningún máster enseña: disciplina, decidir bajo presión y que un plan solo vale si aguanta el contacto con la realidad. Aquella etapa dio para un diario entero.
Del uniforme militar al sector de la seguridad privada, y de ahí a montar mi propia empresa de seguridad. Aprendí la otra mitad del oficio: clientes, equipos a mi cargo, nóminas que salen de tu bolsillo y problemas que nadie resuelve por ti.
Tercera vida: el mostrador de un hotel boutique de cinco estrellas en Palma. Turnos rotativos, huéspedes exigentes y cero margen para el error — otra forma de presión, con corbata. Y el mismo patrón de siempre: procesos rotos, Excel para todo y relevos perdidos en WhatsApp.
Hace un año vi un vídeo de Roman Yampolskiy diciendo que la IA nos iba a destruir. Y me di cuenta de algo peor que el miedo: no entendía de qué hablaba. Eso no lo tolero. Así que hice lo que he hecho toda la vida con lo desconocido: meterme dentro. Investigar, aprender, hacer y deshacer, cagarla y volver a empezar. Porque esto es el futuro, y el futuro no se espera: se ocupa.
Un año después de aquel vídeo, mi hotel lleva dos meses funcionando con mi software, en todos los turnos y sin incidencias, y he construido más de siete aplicaciones: hoteles, fútbol, cripto, gimnasio, finanzas. Tengo hasta agentes propios con nombre: Loki, en un servidor, a mis órdenes por Telegram; y Leo, un modelo corriendo en local en un portátil resucitado — y conectados entre ellos. Siempre a la última, cada modelo nuevo, cada herramienta nueva. Una persona, tres vidas de criterio y un equipo de IAs que no duerme.
Protocolo
No construyo nada que no haya sufrido o visto sufrir de cerca. El mejor documento de requisitos es un mal día de trabajo.
Varios modelos a la vez —código, diseño, textos, investigación— cada uno en su especialidad. Yo decido qué se hace y qué no pasa el corte.
Nada de demos de laboratorio: turnos reales, usuarios reales, datos reales. Lo que no aguanta eso, no sale.
Cuando algo lleva meses funcionando donde más duele, entonces sí: se pule, se configura a medida y se entrega.
La unidad
Mi OpenClaw desplegado en un VPS, a mis órdenes por Telegram desde cualquier sitio. Tareas, vigilancia y recados a cualquier hora: le escribo desde el turno y ejecuta.
Un Hermes corriendo con Ollama en un portátil antiguo resucitado. 100 % local, sin nube: lo privado se queda en casa. Y conectado con Loki — se hablan entre ellos.
Los modelos frontera, cada uno en lo suyo: código, producto, investigación. Se incorporan a la operación cuando la misión lo pide.
Me metí en la IA porque un experto dijo que iba a destruirnos y yo no entendía ni la amenaza. Hoy es mi mejor herramienta: convirtió la curiosidad en capacidad. Lo que antes necesitaba un equipo financiado, hoy lo construye una persona con criterio que sepa dirigirla.
— Diego StraussOperaciones
El copiloto del turno de recepción para hoteles boutique: relevos, parking, spa, plantillas multiidioma y la operativa que el PMS no cubre. Instalación local con la marca de cada hotel y copia diaria cifrada. Dos meses de uso diario en un cinco estrellas de Palma.
copilot.straussdigital.com →Método y herramientas para el fútbol: planificación de entrenamientos y trabajo por principios de juego, llevados a una aplicación.
futbol.straussdigital.com →Registro y conserjería para equipos de recepción. El hermano pequeño del Copilot, en preparación.
Análisis de cripto y mercados: seguimiento, señales y contexto en un solo panel, sin depender de veinte pestañas abiertas.
Mi entrenamiento, planificado como una operación: progresiones, cargas y sesiones que se adaptan a una vida de turnos rotativos.
Comer bien con turnos imposibles: qué cocinar y qué comprar cuando sales del turno de noche y el cerebro ya no colabora.
Las cuentas de casa, claras: gastos, objetivos y decisiones familiares con datos en vez de discusiones.
Transmisión abierta
Una app para tu negocio, una herramienta para tu equipo, ese proyecto que llevas años diciendo "algún día". Por raro o imposible que suene, cuéntamelo. He pasado de no saber qué era la IA a tener un hotel de cinco estrellas funcionando con mi software en un año. Convertir sueños en realidad es, literalmente, a lo que me dedico ahora.
diego@straussdigital.com